miércoles, octubre 28, 2009


Sus voces no me llegan,

sus colores me parecen muertos

Como el otoño que enfunda su tristeza

en los marfiles que acuñan

sus lapidas de oro


Un viento que ya no está

que se lleva la poca brisa de mis manos

que permanecen frias

buscando, buscando...


Porque me son tan ajenos sus cantos y frases

Como si mi espejo y mi voz frente a todos no existiera

Mi palabra es fuerte, gallarda, alta

y a la vez como un pequeño velero abandonada a su suerte


Mis pasos frente a ellos

son firmes y rectos

como pedestal maduro de Caupolican

Pero de suaves caricias que revelan mi identidad perdida

Aquella que nadie quiere escuchar


Ni mis gatos son testigos de mi murmullo

porque ellos mismos se alejan

ni mis notas que labro en laureles y rosas

son deleite para ella

ni para ellos


Mi piano se apaga

y yo aquí, entre sus voces

siento la nada misma como existencia prolongada

de letargos que no soy capaz de explicar

Un miedo que no tiene olor ni sentido

ni llanto ni caricias

ni fuego que lo ampare

Un miedo que no me escucha ni me siente

Un miedo que no es miedo...


Porque no nace de estas manos

no nace de aquel nombre

ni de aquellas horas

ni de aquellos pasos solitarios

ni de su camino solo a casa

ni de sus cartas vacias

ni de su pupitre vacio


Nadie se atreve a comprenderlo

y mientras tanto el debe estar como una rosa

sin embargo de ella no tiene esa hermosura de rubi

Mas que nada, debe mostrar un semblante de poder

y otro de defensa de cristales agudos

No pregunten donde queda su corazón

no lo hallarán porque está escondido en medio de un pequeño jardin, el unico jardin que puede aún preservar. Y su vista no se atreve a sentir un calor cerca suyo porque es como una daga cruel, aunque quisiera amarlo.

¿Cómo amarlo?...Y el silencio se mantiene como un río mudo y desnudo en su quietud. Una afrodita que nunca fue tal, una que nunca despojó su piel. Un destino que nunca ha sabido de miel...

Este es el pequeño teatro mudo de un historia tan insginificante que nadie querrá leer lo más probable.

Pero aquel pequeño gato aproxima sus ojos a la noche, tratando de encontrar un refugio en donde vaciar todo ese rencor y furia que nadie quiere ayudarlo a olvidar. Olvidar lo que su corazón busca con tanto anhelo y en todos sus sentidos se ha sentido muerto...Si tan sólo pudiera ver aquella voz. Tal vez acaso tal vez, podría empezar a vivir nuevamente.


Por ahora aquella ventana sigue sola y desnuda. Y el farol de la calle ilumina su senda que es incapaz de iluminar sus lágrimas. Asi que por hoy, nuevamente ese rincón está apagado.

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